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Entrevista: María Jesús Zea Montero

María Jesús Zea Montero es fundadora de Movimiento Esencial y creadora del enfoque de Coaching en Movimiento.

Acompaña a líderes y profesionales a integrar cuerpo, movimiento y conciencia en sus procesos de cambio y transformación.

Su trabajo parte de una idea: la forma en que nos movemos influye en cómo vivimos, decidimos y lideramos.

Desde ahí, facilita procesos que abren nuevas posibilidades más conscientes, humanas y coherentes, especialmente en momentos de transición y evolución profesional.

¿A qué se dedica actualmente y cuál es su formación?

Actualmente me dedico a acompañar procesos de transformación a través de la conciencia del movimiento.

Trabajo con líderes, profesionales y también con quienes acompañan a otros —coaches, formadores y facilitadores— para integrar el cuerpo y el movimiento en sus procesos de cambio y toma de decisiones. Mi formación ha sido un recorrido que integra la expresión corporal, la educación física, la recreación y el desarrollo humano a través del coaching profesional, donde incorporé el movimiento al acompañamiento de personas y equipos.

Hoy, todo ese camino toma forma en Movimiento Esencial y en el Coaching en Movimiento, desde donde impulso la Escuela Internacional de Aprendizaje en Movimiento, un espacio donde formo y acompaño a profesionales que quieren integrar este enfoque en su práctica.

¿Cuáles son los retos a los que ha tenido que hacer frente en su carrera profesional, y qué ha aprendido de ellos?

Uno de los primeros retos en mi carrera profesional fue poner palabras a lo que hacía.
Trabajar desde el cuerpo, el movimiento y la conciencia no era fácil de explicar, y durante un tiempo sentía que la experiencia iba por delante del lenguaje.
De ahí aprendí la importancia de traducir lo vivido a lo cotidiano sin perder su esencia.

Otro gran desafío fue liderar mi propia empresa desde muy joven, impulsando un proyecto cooperativista.

Eso me llevó a aprender a integrar el liderazgo con la escucha, a delegar y a sostener procesos, no solo a impulsarlos. También han sido clave los momentos de transición: cerrar etapas, soltar proyectos y abrir nuevos espacios más alineados con mi evolución.

De ahí he aprendido a confiar en los ciclos y a dar paso a nuevas formas de expresión profesional. Si miro el recorrido, el gran aprendizaje es claro: cuando sumas conciencia al movimiento, los procesos se ordenan y abren nuevas posibilidades.

¿Cuál ha sido su desafío profesional más difícil y cómo lo superó?

Uno de los mayores desafíos fue impulsar un espacio de formación cuyo edificio se derrumbó en plena rehabilitación, obligándonos a empezar de nuevo con una mayor inversión. Fue un momento de gran exigencia e incertidumbre.

Lo superé entrenando la capacidad de sostenerme en el movimiento, apoyándome en el cuerpo, la constancia y las personas. El proyecto finalmente salió adelante, y me dejó un aprendizaje clave: la resiliencia es aprender a moverse dentro de la dificultad sin perder el pulso interno.

¿Qué consejo daría a los jóvenes profesionales de su disciplina?

Más que dar un consejo, compartiría una invitación: no os quedéis solo en entender los procesos, dad espacio a vivirlos. En el acompañamiento, la diferencia no está tanto en lo que sabemos, sino en cómo lo encarnamos. Cuando el cuerpo entra en juego, aparecen matices, información y posibilidades que no siempre están disponibles desde la mente. Por eso, mi invitación es a entrenar la presencia, la escucha y la coherencia entre lo que se dice, lo que se siente y lo que se hace.

Ahí es donde el acompañamiento empieza a ser realmente transformador.

¿Puede destacar una lección de liderazgo que haya vivido y considere fundamental?

Una de las lecciones de liderazgo más importantes que he vivido ha sido reconocer cómo se mueve el liderazgo en cada etapa del proceso. A lo largo de mi experiencia acompañando proyectos y equipos, he comprendido que hay momentos de inicio, donde se impulsa; momentos intermedios, donde hay que sostener y dar forma; y momentos de cierre, donde es necesario soltar para que algo nuevo pueda emerger. Aprender a reconocer en qué etapa estaba como líder me permitió dejar de forzar procesos y empezar a acompañarlos con más conciencia, respetando sus tiempos y transiciones.

Para mí, esa es una lección fundamental: liderar es saber habitar cada fase del proceso y moverse con ella.

¿Qué cambia realmente cuando incorporamos la conciencia del movimiento en nuestra vida y en nuestro liderazgo?

Cuando empezamos a observar cómo nos movemos —en lo que hacemos, en cómo decidimos o en cómo nos relacionamos— algo se vuelve más claro.

El cuerpo deja ver patrones, tensiones, impulsos… y también nuevas posibilidades. Esa conciencia no solo transforma lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos. Y desde ahí, el cambio se construye de forma más orgánica, coherente y más sostenible.

Para mí, es una práctica continua: cuidarme para poder acompañar mejor, y transformarme para facilitar transformación en otros.

¿Dónde pueden encontrarla para conectar o colaborar?

Pueden encontrarme en www.movimientoesencial.me, donde comparto mi trabajo y las propuestas de la Escuela Internacional de Aprendizaje en Movimiento.

www.mariajesuszea.com

También estoy en LinkedIn, donde publico contenidos y reflexiones sobre liderazgo, movimiento y conciencia. Y a través de la MoveLetter, una carta breve donde acerco este enfoque de forma práctica.

Estaré encantada de conectar y explorar posibles colaboraciones.