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Entrevista: Virginia Cardinaux

Me formé como coach ontológica, ejecutiva, laboral y de equipos, y cuento con certificaciones internacionales y amplia experiencia en agilidad y transformación cultural. Hoy amplío mi mirada como counsellor gestalt y numeróloga en formación. Creo que los verdaderos cambios nacen cuando nos animamos a ser, a conectar con lo que somos y con quienes nos rodean.

¿A qué se dedica actualmente y cuál es su formación? 

Actualmente me dedico a acompañar personas, equipos y organizaciones en sus procesos de transformación y evolución, combinando herramientas del coaching, la agilidad, el liderazgo consciente y el desarrollo del ser.

Trabajo como coach individual, ejecutiva y de equipos, mentora, formadora y consultora en agilidad y cultura organizacional.

Me formé como coach ontológica, ejecutiva, laboral y de equipos, y cuento con certificaciones internacionales en agilidad, transformación cultural y liderazgo. Soy ingeniera en sistemas de base, y hoy sigo expandiendo mi mirada como counsellor gestalt y numeróloga en formación, integrando lo espiritual y lo humano para un acompañamiento más profundo e integral.

¿Cuáles son los retos a los que ha tenido que hacer frente en su carrera profesional, y qué ha aprendido de ellos?

Uno de los mayores retos fue animarme a dejar atrás una carrera segura y tradicional como ingeniera en sistemas, para dedicarme por completo a lo que realmente me apasiona: acompañar procesos de transformación humana. Salir del «camino esperado» no fue fácil. Supuso enfrentar miedos, romper estructuras internas y externas, y sostener mi elección incluso cuando muchos no la entendían.

También fue un desafío abrirme espacio en entornos donde hablar de empatía, bienestar o liderazgo consciente parecía poco relevante frente a los resultados o la productividad.

Pero de cada reto aprendí algo invaluable: que el cambio real no se impone, se inspira. Que ser fiel a una misma es el acto más valiente y transformador. Y que no hay evolución verdadera sin conexión, sin escucha y sin propósito.

Hoy sé que cada paso fuera de la zona conocida me acercó más a quien realmente soy.  

¿Cuál ha sido su desafío profesional más difícil y cómo lo superó?

Soy mamá y único sostén económico y emocional de mi hogar. Eso implicó y aún implica hacer malabares: trabajar, seguir formándome, emprender, estar presente para mi hija y no soltar mis sueños.

Sostener tanto durante tanto tiempo me llevó a conocer mis propios límites, a atravesar momentos de mucha exigencia y también de mucha soledad. Pero también me enseñó de qué estoy hecha, cuánto puedo, y cuánta fuerza nace del amor y del propósito.

Ese camino de vida me dio una sensibilidad especial para acompañar a otros en sus propios procesos. Hoy lo sigo superando día a día, con resiliencia, con red, con conciencia… y con la certeza de que cada paso vale la pena cuando lo hacemos con sentido y al servicio de algo más grande que nosotras mismas.

¿Qué consejo daría a los jóvenes profesionales de su disciplina?

A los jóvenes profesionales les diría que no tengan miedo de salirse del molde, que se escuchen, se cuestionen y se animen a construir un camino propio. Que no todo está en los títulos o en seguir fórmulas preestablecidas: hay algo mucho más valioso en conectar con lo que realmente los mueve.

El mejor recurso que tienen es su autenticidad. Cuídense, formen red, aprendan a decir que no, y no se olviden nunca de esto: no se trata solo de hacer, se trata de ser.

Y cuando se alinean con quienes son, el trabajo deja de ser una carga para convertirse en una forma de expresión y propósito.

¿Puede destacar una lección de liderazgo que haya vivido y considere fundamental?

Una de las lecciones más importantes que aprendí sobre liderazgo es que no se trata de tener todas las respuestas, sino de generar espacios donde otros se animen a encontrarlas. Liderar no es controlar, es confiar; no es imponer, es inspirar.

Lo viví liderando equipos por primera vez, en contextos de mucha presión e incertidumbre, donde entendí que el verdadero impacto no venía de dar órdenes, sino de habilitar conversaciones, sostener procesos y potenciar a cada persona desde su singularidad. Más tarde, al crear Aleesha, esa lección tomó aún más fuerza: pude diseñar un espacio de transformación genuina, nacido de mi propia experiencia y sostenido por valores que hoy comparto con quienes acompaño.

¿Cómo mantenerte firme en tu propósito cuando el entorno no acompaña?

Conectando todos los días con el «para qué» hago lo que hago. En momentos de dudas, cansancio o frustración, vuelvo a mí, a mi historia, a lo que me moviliza. Me recuerdo que no estoy sola, que hay muchas personas que necesitan espacios más humanos para trabajar, crecer y sanar.

También aprendí a elegir mis batallas, a soltar lo que no suma y a rodearme de quienes resuenan con mi visión. El propósito no es una meta, es una práctica diaria. Y cuando me alinea, todo cobra sentido.

¿Dónde pueden encontrarla para conectar o colaborar?

Pueden encontrarme en LinkedIn como Virginia Cardinaux y también a través de mi proyecto personal Aleesha Growth, donde acompaño procesos de transformación personal y organizacional.

Estoy abierta a colaborar en iniciativas que promuevan el bienestar, el liderazgo consciente y el desarrollo humano con propósito.