Perla Kosut (Uruguay) es una profesional apasionada por transformar realidades a través del desarrollo humano, la innovación y el bienestar.
¿A qué se dedica actualmente y cuál es su formación?
Actualmente integro mi experiencia en Recursos Humanos, Programación Neurolingüística e Inteligencia Artificial aplicada al trabajo y al bienestar, con una mirada especialmente enfocada en la Nueva Longevidad.
Mi trabajo se orienta al desarrollo humano, la comunicación, la empleabilidad 50+, los procesos de cambio personal y profesional, y las nuevas formas de liderar. Me interesa acompañar a personas y organizaciones a repensar el valor de la experiencia, el talento maduro y la adaptación a los escenarios laborales y sociales que hoy estamos viviendo.
Soy Técnica en Recursos Humanos, Magíster en Programación Neurolingüística y Diplomada en Nueva Longevidad. A lo largo de mi trayectoria también he incorporado herramientas vinculadas a la tecnología, la gestión de personas, la comunicación y el bienestar emocional.
Creo que la formación no termina con un título. Para mí, aprender es una manera de mantenerse vigente, curiosa y conectada con el tiempo presente. En un mundo laboral que cambia de forma permanente, considero fundamental seguir aprendiendo, desaprendiendo y actualizando la mirada.
Mi propósito actual es aportar una visión más humana, inclusiva y contemporánea sobre el trabajo, la experiencia, la edad, la tecnología y el liderazgo.
¿Cuáles son los retos a los que ha tenido que hacer frente en su carrera profesional, y qué ha aprendido de ellos?
Uno de los mayores retos de mi carrera profesional fue llegar a ocupar un cargo gerencial siendo mujer, en una institución donde, desde su fundación, la comisión directiva había estado integrada históricamente por hombres.
No fue solamente acceder a una posición de responsabilidad. Fue aprender a ocupar un lugar donde la presencia femenina no era lo habitual y donde muchas veces había que demostrar capacidad, criterio y solvencia con mayor firmeza.
Ese proceso me enseñó que el liderazgo no se impone: se construye con coherencia, preparación, escucha y resultados. También aprendí que abrir camino no siempre significa hacer ruido. A veces significa sostenerse con profesionalismo, trabajar con seriedad y demostrar, en los hechos, que las mujeres también podemos ocupar espacios de decisión sin renunciar a nuestra manera de conducir.
Comprendí que muchas mujeres enfrentamos no solo los desafíos propios de cualquier carrera profesional, sino también ciertos mandatos invisibles: validar nuestra voz, nuestra autoridad y nuestra forma de participar en ámbitos donde tradicionalmente las decisiones fueron tomadas por hombres.
Esa experiencia me ayudó a confiar más en mi criterio, defender mis ideas con argumentos y no abandonar mi estilo personal. Durante mucho tiempo se asoció la autoridad con modelos duros o verticales.aprendí que también se puede dirigir desde la escucha, la responsabilidad, la empatía y la claridad.
Hoy miro ese recorrido con gratitud, porque fortaleció mi carácter, afirmó mi voz y me permitió comprender que cada espacio que una mujer ocupa con ética, compromiso y capacidad puede abrir camino para otras mujeres.
¿Cuál ha sido su desafío profesional más difícil y cómo lo superó?
Uno de los desafíos profesionales más difíciles que enfrenté, estuvo relacionado con la comunicación de desvinculaciones laborales en contextos especialmente sensibles.
Un momento muy complejo fue durante la pandemia, en 2020. Trabajaba en un club deportivo que debió cerrar sus puertas, como tantas instituciones en el mundo. De una plantilla aproximada de 250 funcionarios, quedamos trabajando presencialmente solo nueve. En ese contexto, tuve que comunicar telefónicamente distintas decisiones: en algunos casos despidos y, en otros, el envío a un subsidio especial implementado por el Estado.
Cada llamada exigía claridad, serenidad y mucho cuidado. No siempre es posible cambiar una resolución institucional, pero sí se puede elegir cómo se transmite. Aprendí que una explicación honesta, un tono respetuoso y una actitud presente pueden hacer una diferencia enorme en un momento de incertidumbre.
Lo superé apoyándome en la responsabilidad profesional, la empatía y una comunicación clara. Esa experiencia me confirmó una vez más que Recursos Humanos no se trata solamente de procedimientos. También implica estar a la altura cuando una decisión organizacional, impacta directamente en la vida de quienes trabajan.
¿Qué consejo daría a los jóvenes profesionales de su disciplina?
A los jóvenes profesionales, les diría que nunca olviden que detrás de cada legajo hay una persona.
Nuestra disciplina no se trata solamente de administrar procesos, contratos, evaluaciones o desvinculaciones. Se trata de comprender contextos, talentos, emociones, expectativas, miedos y posibilidades.
Les aconsejaría formarse de manera permanente, porque el mundo del trabajo cambia todo el tiempo. Hoy ya no alcanza con conocer normas, procedimientos o herramientas tradicionales. Es necesario aprender sobre comunicación, inteligencia emocional, tecnología, inteligencia artificial, diversidad generacional y nuevas formas de empleo.
Pero también les diría algo fundamental: no pierdan la sensibilidad. En esta profesión muchas veces hay que tomar decisiones difíciles, acompañar conflictos, comunicar cambios y representar a la organización. Ninguna responsabilidad institucional, debería hacernos olvidar el respeto por cada ser humano.
Les recomendaría aprender a escuchar de verdad. No solo para responder, sino para comprender. Muchas veces una buena escucha evita conflictos, abre caminos y permite ver aquello que no aparece en los informes ni en los indicadores.
Desde mi mirada, el profesional de Recursos Humanos del presente y del futuro necesita combinar conocimiento técnico con inteligencia relacional. Tiene que entender de normas, procesos y gestión, pero también de vínculos, conversaciones y transformaciones culturales.
El conocimiento técnico abre puertas, pero la forma en que tratamos a los demás es lo que realmente deja huella.
¿Puede destacar una lección de liderazgo que haya vivido y considere fundamental?
Una lección de liderazgo que considero fundamental es que liderar no significa solamente ocupar un cargo o tomar decisiones. También es saber estar presente cuando las circunstancias se vuelven difíciles.
A lo largo de mi trayectoria comprendí que la conducción se pone realmente a prueba cuando el escenario no es cómodo: cuando hay que comunicar una decisión compleja, acompañar a un equipo en la incertidumbre, sostener un conflicto o representar a una institución sin perder sensibilidad.
Para mí, una de las grandes enseñanzas fue comprender que la firmeza y la empatía no son opuestas. Se puede ser clara, responsable y profesional sin dejar de mirar a la otra persona con respeto.
Esto es esencial, porque muchas veces se trabaja en el punto de encuentro entre las decisiones de la organización y la vida concreta de quienes la integran. Allí aprendí que la forma en que se comunica, se escucha y se acompaña puede marcar una enorme diferencia.
Liderar no es imponer la voz propia, sino generar confianza. Una persona puede tener autoridad por el cargo, pero el verdadero liderazgo se construye con coherencia, preparación, criterio y sensibilidad.
Si tuviera que resumir esa lección en una frase, diría que liderar es tomar decisiones con responsabilidad, pero sin perder nunca de vista el impacto que esas decisiones tienen en los demás.
¿Qué le diría hoy a la mujer que fui al comienzo de mi carrera?
Le diría que confíe más en su voz.
Que no espere tener todo perfecto para animarse. Muchas veces el crecimiento profesional no llega cuando desaparece el miedo, sino cuando una decide avanzar igual, con preparación, responsabilidad y convicción.
Que no confunda sensibilidad con debilidad. Durante mucho tiempo se nos hizo creer que para liderar había que endurecerse, ocultar las emociones o imitar modelos ajenos. Hoy sé que la empatía, la escucha y la capacidad de comprender al otro también son formas profundas de liderazgo.
Que cada experiencia difícil iba a dejarle una enseñanza. Que los desafíos laborales, las decisiones complejas y los espacios donde tuvo que abrirse camino siendo mujer, no iban a apagarla, sino a fortalecer su carácter.
Que no pierda la curiosidad, que siga aprendiendo y que no se quede encerrada en una sola etapa de su vida ni en una sola definición de sí misma. Una mujer puede reinventarse muchas veces, y cada etapa puede traer una nueva forma de aportar.
Y, sobre todo, le diría que nunca es tarde para seguir aprendiendo, reinventarse y construir una voz propia. La experiencia no envejece cuando se mantiene viva la curiosidad.

¿Dónde pueden encontrarla para conectar o colaborar?
Pueden encontrarme en LinkedIn como Perla Kosút, donde comparto reflexiones y contenidos sobre Recursos Humanos, Programación Neurolingüística, Nueva Longevidad, liderazgo, empleabilidad 50+ e inteligencia artificial aplicada al trabajo y al bienestar.
También pueden escribirme por correo electrónico a: perlauruguayoficial@gmail.com
Estoy abierta a conectar, intercambiar ideas y colaborar en proyectos vinculados al desarrollo humano, la comunicación, la gestión de personas, la nueva longevidad y el aprendizaje permanente.
Creo profundamente en el valor de las redes, de las conversaciones significativas y de los proyectos que nacen cuando distintas miradas se encuentran con un propósito común.
