Mi nombre es Claudia Soñora, resido en la ciudad de Fray Bentos, departamento de Río Negro, Uruguay, una ciudad fronteriza con Argentina, específicamente con Gualeguaychú.
Soy madre de dos hijos, Valentina de 16 años y Valentino de 18. Desde muy jóvenes los he criado sola, lo que fortaleció en mí un profundo compromiso con la superación personal, la formación continua y el desarrollo profesional, con el objetivo de brindarles estabilidad y un futuro mejor.
¿A qué se dedica actualmente y cuál es su formación?
Actualmente me desempeño en la gestión pública, con formación en gestión deportiva y gestión de organizaciones deportivas.
He trabajado en el ámbito del fútbol como veedora de partidos, vinculada a la organización y supervisión de competencias oficiales en Uruguay. Además, participo como panelista en un espacio radial deportivo, aportando una mirada femenina en un ámbito históricamente masculinizado.
Durante cinco años estuve al frente de la Dirección de Deportes de mi departamento, lo que representó un punto de inflexión en mi desarrollo profesional. Allí lideré equipos de trabajo, gestioné infraestructura deportiva y desarrollé proyectos orientados a la comunidad, especialmente enfocados en sectores vulnerables, promoviendo el sentido de pertenencia, la integración social y los hábitos de vida saludable.

¿Cuáles son los retos a los que ha tenido que hacer frente en su carrera profesional, y qué ha aprendido de ellos?
Uno de los principales desafíos en la gestión pública ha sido enfrentar la burocracia institucional, especialmente en la asignación de presupuestos para programas deportivos.
En muchas ocasiones, el deporte no es percibido como una prioridad, a pesar de su impacto directo en la salud física, mental y emocional, así como en la formación de valores y la cohesión social.
De esta realidad he aprendido que los cambios estructurales no se logran de forma inmediata, pero sí es posible generar transformaciones progresivas a través de la creatividad, la optimización de recursos y una visión clara. Trabajar con lo disponible, pero con propósito, permite generar impacto real en las comunidades.
¿Cuál ha sido su desafío profesional más difícil y cómo lo superó?
Uno de los mayores desafíos de mi carrera fue mi postulación a la presidencia de la Federación Ciclista Uruguaya, convirtiéndome en la primera mujer en presentar una lista opositora en una institución con más de 100 años de historia.
En este proceso, los votantes eran las federaciones departamentales de todo el país. Logré obtener aproximadamente el 50% de los votos, lo que llevó a una segunda instancia electoral.
Durante este proceso se detectaron irregularidades en el padrón electoral, lo que motivó la presentación de una denuncia formal ante el Ministerio de Educación y Cultura, organismo que regula las asociaciones civiles en Uruguay.
Esta experiencia fortaleció mi liderazgo en contextos complejos, reafirmó mi compromiso con la transparencia institucional y consolidó mi convicción de que las mujeres debemos ocupar espacios de decisión, incluso en estructuras tradicionalmente cerradas.
¿Qué consejo daría a los jóvenes profesionales de su disciplina?
Mi consejo es que, independientemente de la carrera elegida, mantengan una formación constante y busquen desarrollar sus fortalezas dentro de su área.
Hoy contamos con herramientas digitales que amplían enormemente las oportunidades de aprendizaje y conexión. Es fundamental aprovecharlas para acceder a nuevas perspectivas, generar redes de contacto y potenciar el crecimiento profesional.
El aprendizaje continuo y el networking son claves en el desarrollo de cualquier carrera.
¿Puede destacar una lección de liderazgo que haya vivido y considere fundamental?
Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que el liderazgo se construye a partir de la confianza en el equipo.
Durante mi gestión, prioricé la delegación, la escucha activa y el reconocimiento del potencial de cada integrante. Generar un entorno donde las personas se sientan valoradas y motivadas permite que den lo mejor de sí.
Hasta el día de hoy, muchos integrantes de mis equipos mantienen el contacto y destacan la oportunidad que tuvieron de desarrollarse. Eso reafirma que no existe liderazgo sin un equipo comprometido y alineado con un propósito común.
La pregunta que me haría: ¿Qué cree que le falta al deporte en Uruguay?
Considero que es fundamental que el Estado comprenda el verdadero valor del deporte como herramienta de transformación social.
El deporte no solo mejora la calidad de vida, sino que también fortalece la salud mental, promueve valores y actúa como un factor clave en la prevención de problemáticas sociales.
Es necesario implementar políticas públicas más sólidas, con programas dirigidos a todas las franjas etarias, desde la infancia hasta los adultos mayores. Asimismo, en el ámbito del deporte competitivo, es imprescindible fortalecer la capacitación de entrenadores, técnicos y dirigentes.
Aún queda mucho camino por recorrer, pero estoy convencida de que el desarrollo del deporte es una base fundamental para el crecimiento de la sociedad.
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