¿A qué se dedica actualmente y cuál es su formación?
Actualmente me desempeño como edil en la Junta Departamental de Rocha, una responsabilidad que implica representar a la ciudadanía, trabajar en la elaboración de normativas y acompañar el desarrollo de políticas públicas que impactan directamente en la vida de las personas. Es un rol que asumo con compromiso, especialmente en temas sociales. Además, soy secretaria de un club social sin fines de lucro, desde donde promovemos actividades culturales y espacios de participación para jóvenes y la comunidad.
En cuanto a mi formación, tengo base en docencia, Administración de Empresas y secretariado, lo que me ha dado herramientas tanto pedagógicas como de gestión. A eso le sumé estudios en oratoria y comunicación política, que hoy son claves para mi desempeño público. También cuento con un diplomado en violencia de género, área en la que vengo trabajando de forma activa.
Uno de los ejes más importantes de mi labor es justamente un proyecto enfocado en violencia de género, que busca no solo visibilizar la problemática, sino también generar herramientas concretas de prevención, acompañamiento y acceso a redes de apoyo para mujeres. Este proyecto ha sido reconocido y premiado, y me ha permitido participar en espacios y cumbres internacionales, donde pude intercambiar experiencias y fortalecer propuestas. Es una línea de trabajo que considero prioritaria y que atraviesa gran parte de mi compromiso político y social.
¿Cuáles son los retos a los que ha tenido que hacer frente en su carrera profesional, y qué ha aprendido de ellos?
Uno de los principales retos que he enfrentado en mi carrera ha sido abrirme camino en un ámbito como la política, que históricamente ha sido predominantemente masculino y donde muchas veces el rol de la mujer ha estado condicionado o subestimado. En más de una oportunidad implicó tener que demostrar el doble, sostener mis ideas con firmeza y hacerme escuchar en espacios donde no siempre es sencillo.
Lejos de verlo como un obstáculo paralizante, lo tomé como un desafío personal y colectivo. Aprendí a fortalecer mi voz, a confiar en mi formación y en mi trabajo, y a construir desde la convicción. También entendí la importancia de generar redes entre mujeres y de impulsar agendas que nos incluyan y nos representen.
Hoy ese recorrido no solo me ha dado herramientas a nivel profesional, sino que también reafirma mi compromiso con seguir generando espacios más equitativos, donde las mujeres podamos participar, decidir y liderar en igualdad de condiciones.
¿Cuál ha sido su desafío profesional más difícil y cómo lo superó?
Creo que uno de los desafíos más difíciles en mi recorrido profesional ha sido desarrollarme en el ámbito político, que sigue siendo en gran medida un espacio masculinizado. En ese contexto, muchas veces sentí que tenía que esforzarme más para que mi voz fuera escuchada y para que mi trabajo fuera valorado en igualdad de condiciones.
Lo superé apostando a la formación, preparándome constantemente y sosteniendo mis convicciones incluso en momentos complejos. También fue clave rodearme de personas que impulsan el trabajo colaborativo y entender que abrir camino no es solo un logro personal, sino también una forma de generar oportunidades para otras mujeres.
Esa experiencia me fortaleció, me dio seguridad en mi rol y reafirmó mi compromiso con promover una participación más justa e inclusiva dentro de la política.
¿Qué consejo daría a los jóvenes profesionales de su disciplina?
El principal consejo que les daría es que no subestimen el valor de la constancia y la formación. Más allá de los títulos, lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de seguir aprendiendo, de adaptarse y de sostener convicciones incluso cuando el camino se vuelve desafiante.
También les diría que se animen a involucrarse, a participar y a ocupar espacios, aunque al principio no sea fácil. Muchas veces uno espera «estar listo», pero la experiencia también se construye haciendo. Y en ese proceso, es clave rodearse de personas que sumen, que impulsen y que compartan valores.
Por último, que no pierdan de vista el para qué de lo que hacen. En áreas como la política o el trabajo social, tener claro el propósito (trabajar por la gente, generar impacto real)es lo que te sostiene en los momentos difíciles y le da sentido a todo el esfuerzo.

¿Puede destacar una lección de liderazgo que haya vivido y considere fundamental?
Una de las lecciones de liderazgo más importantes que he aprendido es que liderar no es imponerse, sino construir con otros. En mis primeros pasos tendía a pensar que tenía que tener todas las respuestas, pero con el tiempo entendí que escuchar, abrir espacios y confiar en el equipo es lo que realmente fortalece cualquier proyecto.
Lo viví especialmente en el trabajo con iniciativas vinculadas a violencia de género, donde cada realidad es distinta y donde el verdadero impacto se logra articulando con distintas personas e instituciones. Ahí comprendí que un buen liderazgo no se mide por cuánto uno habla, sino por cuánto logra que otros se involucren y se sientan parte.
Esa experiencia me enseñó a liderar desde la empatía, la cercanía y la responsabilidad, sabiendo que las transformaciones reales siempre son colectivas.
¿Qué te impulsa a seguir trabajando en temas sociales, especialmente en violencia de género, a pesar de las dificultades?
Me impulsa la convicción de que no es un tema más, sino una realidad que atraviesa la vida de muchas mujeres y que requiere compromiso sostenido. A lo largo de mi trabajo he visto de cerca situaciones que te marcan y que te hacen entender que cada acción, por pequeña que parezca, puede generar un cambio real. Mi proyecto en violencia de género nace justamente de esa necesidad de no mirar para el costado, de generar herramientas concretas de prevención y acompañamiento. Más allá de los obstáculos, lo que me sostiene es saber que hay una responsabilidad social y humana en seguir construyendo espacios más seguros y justos.
¿Dónde pueden encontrarla para conectar o colaborar?
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