Saltar al contenido

Artículo: Virginia Cardinaux – 3

¿Cuántas veces escuchaste la frase: “La Generación Z no se compromete, no es leal, no se queda en los trabajos”?

Es fácil repetirla. Sirve como excusa para justificar renuncias y mal clima. Pero la realidad es otra: no estamos ante una generación «sin compromiso». Estamos frente a líderes que todavía no entendieron que el mundo cambió, que vivimos en un contexto distinto. No podemos seguir liderando como hace treinta años.

Vivimos en un mundo BANI: Frágil, Ansioso, No lineal e Incomprensible. No es un capricho de moda, es la descripción de un escenario donde nada es estable y todo puede cambiar de un día para el otro. ¿Y qué pasa cuando aplicamos recetas viejas en un mundo nuevo? Lo obvio: no funcionan. Pretender que las nuevas generaciones encajen en los moldes que nos sirvieron en los noventa es como querer poner un cassette en un celular. Simplemente, no entra.

El mito de la falta de lealtad

Cuando un líder dice que la Gen Z no se compromete, en realidad está diciendo: “No logré generar un espacio donde valiera la pena quedarse”.

Los datos lo confirman. Esta generación valora el crecimiento, la flexibilidad, la autonomía y un propósito claro. Si el entorno no lo ofrece, se van. Y no se van porque no les importa trabajar. Se van porque no van a hipotecar su bienestar ni sus sueños por un sueldo fijo y un jefe que no escucha.

La lealtad, para ellos, significa otra cosa. No es aguantar lo que sea. Es ser coherentes: si algo no resuena con sus valores, buscan otro lugar. Y eso, lejos de ser un defecto, es una enorme señal de madurez y de autorrespeto.

Las deudas del liderazgo actual

¿Queremos que esta generación se quede, se comprometa y dé lo mejor de sí? Entonces tenemos que cambiar la forma de liderar. Aquí las deudas más comunes:

  • Confundir compromiso con horas visibles. Todavía hay jefes que piensan que quien llega más temprano y se va más tarde es el más comprometido. Para la Gen Z, el compromiso se mide por resultados, impacto y aprendizaje. Quieren que los midas por lo que logran, no por cuántas horas calientan una silla.
  • Liderar con jerarquías rígidas. El esquema del “yo decido y vos obedecés” ya no funciona. Esta generación espera espacios de autonomía y voz en las decisiones que afectan su trabajo. No es rebeldía, es coherencia con un mundo donde la información está al alcance de todos.
  • Feedback que llega una vez al año. La evaluación anual es un fósil que muchos se niegan a enterrar. La Gen Z necesita conversaciones frecuentes, cortas y auténticas. Quieren saber cómo van, qué mejorar y qué están haciendo bien. Lo quieren saber ahora, no en seis meses.
  • Carreras opacas, sin rumbo claro. No alcanza con decir “seguí trabajando duro y algún día ascenderás”. Ellos quieren saber cuáles son sus posibilidades, qué habilidades necesitan y cómo pueden crecer. Si no lo encuentran, se irán a otro lugar que sí se lo muestre.
  • Capacitaciones sueltas que no cambian nada. No se conforman con cursos aislados. Esta generación pide aprendizaje real: proyectos desafiantes, mentores accesibles y espacios para practicar, incluso con herramientas como la IA que ya forman parte de su vida cotidiana.

El desafío para las líderes: la igualdad como brújula

Este punto es clave para las líderes de hoy. Para las que nacimos en otras épocas, la igualdad de género fue una lucha, un camino cuesta arriba. Para gran parte de la Gen Z, en cambio, ya es lo normal. No se cuestiona si una mujer puede liderar o si un hombre puede tomar licencia por paternidad. Simplemente, esperan que sea natural.

¿El problema? Muchos líderes todavía cargan con sesgos viejos. Y cuando eso ocurre, la Generación Z lo percibe como una incoherencia inaceptable. Si no ven igualdad, no se van a quedar. Para las mujeres líderes, esto representa un desafío y una enorme oportunidad: demostrar con acciones que la igualdad y la inclusión no son solo un discurso, sino la base de la cultura de su organización.

El nuevo contrato psicológico

Si queremos hablar de lealtad, tenemos que replantear el contrato entre organización y empleado. Hoy, el compromiso significa:

  • Que tu trabajo tiene sentido, sabés por qué hacés lo que hacés y qué impacto genera.
  • Que tenés cierto control sobre tu tiempo y tu manera de trabajar.
  • Que podés aprender, crecer y avanzar.
  • Que tu jefa o jefe está para guiarte, no solo para controlarte.
  • Que hay un ambiente donde todos son tratados con respeto, sin importar género, edad o cualquier otra etiqueta.

Eso es lo que sostiene la lealtad hoy. Y eso es lo que muchos líderes todavía no se animan a aceptar.

La conclusión es clara: la Generación Z sí se compromete, pero no con cualquier cosa. Se compromete con líderes auténticos, con culturas inclusivas y con proyectos que tengan propósito. Ellos ya entendieron que el mundo cambió.

La pregunta no es si la Generación Z tiene lo que hace falta para el futuro. La pregunta es: ¿los líderes tenemos lo que hace falta para liderarlos? Y más importante, ¿estamos dispuestas a dejar atrás nuestros sesgos para construir el futuro que ellos esperan?