Las pulseras violetas de aliexpress.
Las pulseras de control a maltratadores están diseñadas para proteger a las víctimas de violencia de género. Sin embargo, múltiples fallos han puesto en peligro la seguridad de miles de víctimas desde principios de año.
¿Cómo funciona?
El agresor tiene incorporada en una extremidad una pulsera que registra su ubicación y emite alertas al acercarse a un perímetro prohibido de 500 metros. Esta señal es recibida tanto, por la víctima en su teléfono móvil, como por la Policía.
Las asociaciones de violencia de género llevan tiempo denunciando que los dispositivos de control al maltratador fallan en zonas con mala cobertura telefónica, sobre todo en entornos rurales. Además pueden quitarse con facilidad desde que se colocan en el tobillo o la muñeca, pudiéndose recargar a voluntad del maltratador. Además, las víctimas denuncian que muchos hombres hacen un uso malintencionado de las alarmas para sumirlas en un estado de ansiedad.
Hasta ahora se recogen 1.000 alarmas sin asignar.
Un fallo en el volcado de datos hizo desaparecer todo registro de las agresiones anteriores a marzo de 2024, lo cual produjo que una gran cantidad de agresores quedaran en libertad.
¿Por qué sucede? Las pulseras «de Aliexpress» no cumplen con los estándares mínimos. Ya hace tiempo que jueces, trabajadores, asociaciones de violencia de género y unidades policiales advirtieron, durante meses, de los errores que estaban produciéndose en los nuevos dispositivos al cambiar de empresa adjudicataria, entre ellos: problemas de GPS. falsas alertas y un trasvase de información cuestionable.
Desde 2009, se han implantado 21.000 pulseras en los maltratadores. Éstas han sido proporcionadas por la misma empresa hasta el cambio en la licitación. Cabe destacar que la nueva entidad adjudicataria llevó a cabo la prueba piloto con víctimas reales y directas de viogen. Esto supuso poner en riesgo la vida de 4.500 mujeres.
Los problemas de geolocalización han provocado situaciones, aún más peligrosas, al haberse quebrantado órdenes de alejamiento, que han quedado sin registrar. Sin embargo, la gravedad del asunto no queda aquí. Las pulseras, adquiridas por el Ministerio tras el cambio de operador y financiadas con Fondos Europeos, se recargan con batería externa, a diferencia de las anteriores que tenían una duración entre seis y ocho meses. Ante ello se emitía una señal para que el agresor acudiese a una comisaría a cambiarla. Sin embargo, con la aplicación de esta nueva tecnología, es el maltratador el responsable directo de mantener la batería externa cargada, junto con la pulsera y el móvil que va asociado a ella. Cuestión que hace que este mecanismo sea altamente manipulable.
Más allá de los fallos técnicos, la nueva empresa de pulseras encriptó los datos, de tal forma que, durante al menos ocho meses, no había posibilidad de acceder a los datos que podían presentarse como prueba de quebrantamiento de orden de alejamiento en juicio.
De todo este cúmulo de errores, las mayores dagnificadas han sido las víctimas, que se sienten desprotegidas al llevar un dispositivo que produce errores. Que las alarmas salten cuando el agresor no está cerca, es, para ellas, un motor de angustia y que las utilicen a su antojo, también. De momento, se está elaborando un nuevo pliego de licitación de cara al nuevo concurso público. Pero, ¿hasta entonces qué?
