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Artículo: Raquel Valle – 8

Viajamos a 2019, aquel año en el que me preguntaba desde mi silla de estudiante de segundo año de derecho, qué era aquello del mentorizaje. Me apunté por curiosidad a un programa de Mentoring, que me llevó sin escalas a Madrid. Allí conocí a los presentadores de televisión que observaba durante años desde la casa de mis abuelos en El Hierro. Compartía sala con grandes empresarios y famosos. Yo no tenía muy claro qué hacía allí. Acababa de salir del hospital con una anorexia severa y mi primera vida se me había esfumado de las manos. Tenía que construir otra desde cero y dejando los miedos a un lado.

Al volver de Madrid con mi estructura mental derrumbada y revolucionada tuve mi segunda reunión con aquella mentora, que me había recomendado a asistir a ese evento. Me invitó a su networking en Gran Canaria y también cogí mi maleta sola. Entre los nervios y la anorexia nerviosa, juré ante aquel espejo del baño de la naviera que era la última vez que vomitaba. Así fue como nació Raquel Valle y su emprendimiento. Ese día comenzó mi segunda vida.

Juntas montamos mi primer negocio Reels marketing, eventos y comunicación y lo demás vino con trabajo y venciendo mi timidez a relacionarme. Por ahí dicen que el mayor problema del síndrome del impostor, lo sufren las personas equivocadas. Veo mucha gente brillar y mucha otra querer recibir sin dar.

Desde mi punto de vista, formar parte de asociaciones empresariales te ayuda a crecer de forma personal y profesional. Encuentras colaboradores y creas sinergias. El problema surge cuando la mentalidad se centra en “qué puedo sacar de aquí” en lugar de establecer el foco en “qué puedo aportar yo”.

Por el camino me he encontrado a mentores que me han trasladado opiniones y verdades. Ellos ya se han tropezado y tratan de reducir curvas de aprendizaje, para que no tengas que darte betadine con rodillo.

Creo que es importante poner en una balanza la sangre nueva que llega con energía y empuje, con la sabiduría de las personas que llevan emprendiendo mucho antes que nosotros. Esto no significa que tengamos que dejarnos influir, dejando de lado nuestra intuición y nuestros pensamientos. Sin embargo, en ocasiones se desconoce información por inexperiencia que hace que no tomemos buenas decisiones. Por eso yo personalmente, prefiero siempre preguntar, porque me enseñaron que es mejor una vez roja que ciento amarilla, porque no tengo porque saberlo todo y porque para eso existen los mentores.

Desde aquí quiero agradecer su labor. Hay que tener una amplia generosidad para compartir los consejos para el éxito cuando estás lleno de lodo tras tantas caídas, teniendo por objetivo que no le suceda lo mismo al otro. Algo parecido a una crianza de la madre con sus polluelos. Madres y padres empresariales que velan por uno, que han velado por mi. 

Por ello tanto, solo puedo dar mi infinito agradecimiento a mis mentores de turismo, de eventos, de comunicación y de derecho. Porque jamás me cansaré de decir que no debemos competir, sino colaborar y que juntos somos más fuertes. 

Y recuerden que quien no oye consejo, no llega a viejo.