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Artículo Raquel Valle 18

“En los meses de calor, las mujeres salen más y con menos ropa quedando expuestas a la violencia sexual.”

Nos adentramos en la temporada de verano desmontando mitos y titulares como estos. La violencia contra la mujer  no entiende de edades, niveles económicos ni formación académica y mucho menos de ropa. De hecho, no existe ningún estudio que relacione el aumento de violaciones con las estaciones del año. Por todo ello,  ninguna mujer está exenta de sufrir violencia machista.

Mito 1: La ropa.

En este punto hacemos referencia a la reiterada frase “ella iba provocando” como si en lugar de ser homo sapiens con autocontrol y raciocinio, fuesen especies incapaces de  regular sus propios impulsos sexuales. Hablo de estirpes y no utilizo la palabra hombre, porque un hombre de verdad, no viola. 

Comentarios machistas afirman que los selfies, belfies y otro tipo de autofotografías se realizan con la intención de obtener validación masculina. Es por ello que me resulta interesante estudiar este ego, que cree firmemente que nuestra imagen y acciones giran en torno a ellos y no en nuestro orgullo de haber cultivado nuestro cuerpo y estar orgullosas de los resultados, compartiendo los resultados con el mundo. Al fin y al cabo, cada persona interpreta la realidad de una forma distinta, acorde a sus propios esquemas mentales. Para unos inspiras y para otros provocas. 

Mito 2: La violó un desconocido

Ignoramos la cantidad de violaciones que se producen dentro de una pareja. Parece increíble que alguien tan cercano a nosotras sea capaz de hacerlo, pero ocurre más de lo que nos imaginamos. Sin embargo, los datos volcados por una macroencuesta de la Delegación del Gobierno en 2024, anuncian que en el 66% de los casos, el agresor era una persona conocida y/o cercana al círculo de la víctima. Asimismo, más de la mitad de estas mujeres señalaron que los hechos tuvieron lugar dentro de la vivienda habitual o la de la otra parte. Solamente un porcentaje muy reducido declararon que ocurriese en zonas abiertas y/o entornos festivos. Y aquí es donde desmontamos el mito 3 que nos responsabiliza también de haber sido violadas.

Mito 3: El consumo de sustancias.

Las cifras de este estudio citado anteriormente reflejan que menos del 3% de las mujeres fueron violadas bajo los efectos del alcohol y otras drogas. No obstante,  el mensaje social establecido continua siendo que la violencia está perpetrada por desconocidos que esperan a la víctima en un rincón oscuro, un portal o un baño en ambientes lúdicos festivos. Como es el caso de Diana Quer y La Manada que han contribuido a este relato. La culpa es de ellas, como no, de haber bebido (para variar).

Con todo ello, confirmamos de nuevo, que no existe una formula exacta sobre el aumento o disminución de casos de violencia contra la mujer, aunque se nos continua responsabilizando de minimizar nuestro propio riesgo: no volviendo solas a casa, controlando el consumo de alcohol, vigilando constantemente el vaso, enviando ubicación a familiares y amigos, cambiando el recorrido, permaneciendo en grupo y un sin fin de precauciones que sitúa la responsabilidad de las agresiones en las mujeres. 

En definitiva, todos estos mitos desplazan el foco de la responsabilidad de las violencias de los agresores y revictimizan a las mujeres, que terminamos vistiéndonos de una determinada forma para no despertar miradas indeseadas.