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Artículo: Raquel Valle 16

¿Acaso nos han preguntado si nosotras queremos que un desconocido exalte nuestra belleza con un lenguaje soez? ¿O quizás que nos silben como si fueramos perros a los que llamar la atención?

Según un estudio realizado por El Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile, los sentimientos que experimentan las mujeres que reciben piropos es asco, rabia, miedo e inseguridad. Así que no, mi rey, no queremos tu piropo.

Esta es la realidad a lo que nos enfrentamos las mujeres cuando ponemos un pie en la calle, tiene un nombre y no es precisamente halagador. Vamos a llamar las cosas por su nombre, es acoso callejero.

La mayoría de los cumplidos que recibimos por parte de un desconocido no dejan de promover el dominio de ellos sobre nosotras. No es galantería, es sexismo.

Según un estudio de la ONG Plan Internacional, cuatro de cada cinco mujeres han sufrido acoso sexual en la calle. El 29% de ellas afirman incluso haber sido perseguidas. Todo ello se desprende de un acoso callejero en grupo, en forma de piropos, silbidos y miradas insistentes. Estamos ante una demostración de poder de lo que ellos consideran masculinidad y diversión.

En casi tres cuartas partes, el acoso verbal a las mujeres en público se consideran inofensivos al estar socialmente tolerados. Sin embargo, para evitar este tipo de situaciones son las propias mujeres las que afirman haber adaptado su vestimenta o apariencia para no recibir piropos.

¿Cómo sabemos si se trata de acoso o de una broma?

Personalmente, creo que para que una broma se considere como tal debe hacer gracia a las dos partes. Asimismo, factores como la desinformación aumentan el hecho de que los propios testigos o víctimas no estén seguros de si están viendo o incluso sufriendo un caso real de acoso callejero, lo que supone el principal problema. Si no sabemos identificarlo, no podemos reaccionar ante él.

Pero ¿qué sucede cuando la mujer es quien piropea a un hombre?

Según la Real Academia Española, un piropo es un dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer. Es posible que los hombres no disfruten del acoso, pero como no están tan acostumbrados, quedan sorprendidos e incluso les hace gracia. Lo cierto es que no es lo mismo que una mujer protagonice el acoso, porque para los hombres no es un acto amenazante e indeseado. Por supuesto ambos géneros deberían estar protegidos ante esta forma de acoso sexual. Sin embargo, nos queda mucho por hacer primero como sociedad y luego, en el área jurídica.

Así que no, no somos exageradas. Simplemente no queremos tus piropos. Gracias.