El mito del federado: ¿Cuándo tus manos se convierten en una agravante legal?
Hace unas semanas leí un escrito filosófico en el que se reflexionaba sobre el respeto. ¿Qué es?
En el diccionario podemos encontrar múltiples definiciones, pero el autor decidió ir más allá y acogerlo de dentro hacia afuera. Lo definió como asumir las consecuencias de las propias decisiones que tomamos.
Desde pequeños nuestros progenitores nos educan para que caminemos en consonancia con los resultados de nuestras acciones. Si lo rompes, lo pagas. La educación comienza en casa, aunque a veces se crea que son los docentes quienes cargan con el peso de esta tarea. No me cansaré de decir, año tras año, que se educa en casa y se enseña en el colegio. Y es que a través de una base sólida con valores bien enraizados podemos construir una sociedad igualitaria, responsable y justa.
Sin embargo, cuando la conciencia no está bien integrada en una persona, o bien desconoce o prefiere ignorar las consecuencias de sus acciones, es indispensable hacer alusión al artículo 6.1 del Código Civil: «La ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento».
Hoy se los ejemplifico con un caso personal real. El pasado diciembre me encontraba con mis amigas en la discoteca celebrando mi cumpleaños, cuando un grupo de mujeres comenzaron a mirarnos de una forma intimidante. Una de ellas creyó que era una buena idea provocar propinándome un golpe contra el hombro y una mirada amenazante. Spoiler: No pasó nada y se fueron.
Vamos a presentar los escenarios que veo a menudo en las noticias y en el despacho. Ante todo, hay que darse cuenta de que no tenemos quince años y que agredir a una persona se considera un delito de lesiones leves, de la que resulta una pena aplicable de multa de 1 a 3 meses o prisión si requiere de tratamiento médico o quirúrgico. ¿A que ya no resulta tan emocionante hacerse el héroe con los colegas?
Cuando se produce una pelea con lesiones, el procedimiento penal comienza con la denuncia o con el parte médico de urgencias. El juzgado de guardia cita a las partes, recoge las declaraciones y analiza los informes médicos. A partir de este momento se abre un juicio rápido por delito leve, que se celebra en pocos días. Además, en el caso de haber varios implicados, el tribunal puede considerar que existe una riña tumultuaria, prevista en el artículo 154 del Código Penal. En estos casos, la pena se agrava. En resumen, hacerte «el o la guay» delante de tus amigos te costará una media entre 200 y 400 euros al día, además de la generación de antecedentes penales o penas de prisión.
Puede que estés pensando en argumentar legítima defensa. Depende. No son agresiones ilegítimas que alguien te insulte verbalmente, que te provoquen sin contacto físico o que te haya mirado mal. En cualquier caso se debe atender al principio de proporcionalidad.
¿Qué sucede, como es mi caso, si estamos federados en artes marciales?
Existe una especie de leyenda urbana que afirma que saber artes marciales equivale a que tus manos se consideren un arma blanca. Observando el marco legal, el artículo 22 del Código Penal establece que será circunstancia de agravante: «Ejecutar el hecho mediante disfraz, con abuso de superioridad o aprovechando las circunstancias de lugar, tiempo o auxilio de otras personas que debiliten la defensa del ofendido o faciliten la impunidad del delincuente». Esto significa que cuando se acredita que se tienen conocimientos en artes marciales, la agravante a aplicar es la de abuso de superioridad, no la de uso de arma blanca.
En resumen, para aplicar una circunstancia agravante en caso de delitos de lesiones, no basta con que la persona esté o no federada. Lo que se analiza en cada caso es si el agresor utilizó sus conocimientos técnicos de manera consciente para aprovecharse de su superioridad y causar daño a la otra persona.
Tras desmontar este mito, te preguntarás: ¿y qué puedo hacer?
La proporcionalidad es la respuesta, eximiendo la responsabilidad penal a través de la legítima defensa, aplicada para proteger la integridad física, la vida y la libertad. La acción de defensa debe ser estrictamente necesaria para evitar o repeler el ataque, siempre y cuando no existan alternativas menos lesivas como huir o buscar ayuda.
Desde aquí hago un llamamiento a la sororidad femenina, que empieza con el respeto, primero entre las propias mujeres.
