Las madrastras y la violencia vicaria.
Cuando hablamos de madrastras, nos viene a la cabeza una imagen inculcada de las
películas de Disney e inmediatamente, recreamos las escenas de La Cenicienta trapeando
el piso, mientras la nueva mujer de su padre la mira con desdén desde las alturas.
Es importante señalar que en el mundo real y jurídico La Ley del Divorcio se aprobó en
1981 y muchos años después, comenzó a ser bien visto, o más bien, normalizado por la
sociedad.
Bien es cierto, que algunos de los progenitores han utilizado la baza de malmeter a los
niños contra las nuevas parejas de sus padres por amplios motivos desde los celos hasta la
violencia doméstica. Sin embargo, es necesario no generalizar en este aspecto (y en
ninguno), pues muchos progenitores agradecen a las madrastras o padrastros que traten,
cuiden, quieran y protejan a su hijo como si fuera suyo.
Trasladándonos hacia los casos de violencia espeluznantes en España, la figura de
madrastra malvada ha cobrado más fuerza con el homicidio del pequeño Gabriel Cruz, un
caso que todos seguimos muy de cerca por el nivel de psicopatía y crueldad demostrado
por su verduga. A pesar de la repercusión mediática de este asunto, a día de hoy la
acusada pretende lucrarse como personaje público. Ello puede reflejarse en su afán por
aparecer en el documental de “El Pescaíto”, el cual su madre está intentando frenar la
producción a toda costa. Cabe destacar, que por esta razón ha recibido varias amenazas
por parte de Ana Julia Quesada, que pretende saltar a la fama por el asesinato de un niño
de ocho años.
Lo mismo sucede con la publicación del libro “El Odio” de José Bretón, en el que relata el
asesinato de sus hijos, infringiendo más dolor a la madre y también lucrándose por ello.
Afortunadamente La Fiscalía recurrió sobre la decisión judicial del Juzgado de primera
Instancia de Barcelona de autorizar a la publicación del libro, alegando que existe un riesgo
grave e inminente de intromisión ilegítima en el derecho al honor de los niños y de su
madre, que ha pedido no dar voz al asesinato de sus hijos.
Desde 2019 se han contabilizado más de 5.500 niñas y niños en riesgo de sufrir violencia
vicaria. Con los casos mencionados anteriormente, ¿Cuál es la diferencia? Que Gabriel al
haber sido asesinado por una mujer no cuenta dentro de estas estadísticas.
Aquí entramos en uno de los grandes melones conceptuales que la sociedad confunde
constantemente: violencia de género vs violencia doméstica y vs la violencia contra la
mujer.
La violencia de género es aquella ejercida de un hombre a una mujer que mantengan o
hayan mantenido una relación sentimental, mientras que la violencia doméstica es aquella
que se ejerce por parte de un miembro contra cualquiera de los integrantes del núcleo
familiar. También existe un desconocimiento genérico al diferenciar la violencia de género
de la violencia contra las mujeres. Ello lo hemos visto durante múltiples publicaciones en
instagram en el 25 de Noviembre. Esta desinformación hace que ambos términos se
confundan.
Las mujeres estamos expuestas continuamente por la sociedad a la vulneración de nuestros
derechos, recibiendo diversos tipos de violencia, como la económica a través de la brecha
salarial; la violencia institucional a través de todas aquellas trabas burocráticas (o
burrocráticas) a la hora de obtener recursos de las Administraciones Públicas, etc.
Entre tantas otras, quiero poner en relieve la violencia simbólica, esa gran desconocida a
través de la figura que venimos tratando: La madrastra.
Independientemente, del vínculo y de la relación que tengamos con las madrastras, es
necesario tener en cuenta que son mujeres, como nosotras y que debido a estereotipos de
género sufren diversos tipos de violencia, y te explico cuales:
- Violencia simbólica: perpetuando la imagen misógina que se ha construido de ellas
durante años. - Violencia psicológica: cuando se cuestiona a una madrastra por crear un vínculo con el menor, pero también cuando es criticada si no lo crea.
- Violencia sexual: cuando se consume pornografía donde “la madrastra” aparece como un personaje hipersexualizado.
Dicen que las peores enemigas de las mujeres, somos las propias mujeres, pero
personalmente reitero y reiteraré de cara a este 2026 que es una problemática social que
nos involucra a todos, desde la educación hasta la justicia.
Brindemos por un Nuevo Año en el que se reduzcan las cifras de violencia y aumente el
respeto y la responsabilidad en todos sus ámbitos y formas. Esto no es una guerra de
bandos, sino un camino que debemos recorrer de la mano con un enfoque de igualdad y
derechos humanos.
