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Artículo: Karin Ramírez Figueroa

EL RECONQUISTAR DEL PODER: HACIA UN NUEVO MODELO DE GOBIERNO FEMENINO

Por: Karin Ramírez Figueroa
Directora del Centro de Política Familiar

La historia reciente de la representación política femenina en el Perú nos ha dejado una lección amarga. La primera experiencia de una mujer en la presidencia de la República, encarnada por Dina Boluarte, se tradujo en una profunda decepción: un mandato superfluo, inerte y carente de narrativa, que prefirió el repliegue antes que el protagonismo necesario para gobernar. Esta gestión sin pulso pareció caricaturizar la capacidad de liderazgo de las mujeres en el poder. Por ello, la llegada de una nueva mandataria no es un simple cambio de fecha en el calendario; es la urgencia de fundar, desde el primer minuto, un nuevo modelo de gobierno femenino que no se agote en el símbolo de una mujer al mando, sino que ejerza el poder de manera activa, audaz y con indiscutible autoridad.

La primera gran batalla por la gobernabilidad de este quinquenio no se librará el 28 de julio, sino en la conformación del gabinete de ministros. En un escenario asfixiante, sin mayoría legislativa propia, con un Congreso bicameral y una ciudadanía altamente polarizada, la elección de ministros deja de ser un asunto de imagen estética. Se convierte, en cambio, en la primera gran decisión estratégica de supervivencia y estabilidad para sostener un gobierno funcional durante los próximos cinco años.

Es aquí donde cobra fuerza el marco normativo internacional, especialmente la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer). Este tratado de la ONU, que funciona como la “declaración de derechos” de las mujeres a nivel global, obliga al Estado peruano a garantizar que las mujeres participen activamente en el diseño y ejecución de políticas públicas en condiciones de igualdad real, y no solo como cuotas de relleno en las elecciones. Aunque esta convención no obliga jurídicamente a un gabinete paritario —pues la designación es facultad exclusiva de la presidenta—, sí establece el estándar ético y político internacional con el cual el mundo evaluará su gestión.

Para entender el impacto de este momento histórico, debemos diferenciar dos conceptos clave de la ciencia política: el role model (referente de rol) y el new model (nuevo modelo). El role model es el efecto de inspiración: el simple hecho de ver a una mujer en la presidencia rompe un techo de cristal e impulsa a que más profesionales, académicas y gestoras públicas aspiren a la política al ver que el cargo más alto ya no es un espacio vedado. Por otro lado, el new model es un cambio estructural: es transformar la forma de gobernar, demostrando que el poder femenino no se somete a los vicios tradicionales ni a las cuotas cosméticas, sino que se ejerce con solvencia técnica, decisiones firmes y una reconfiguración de la legitimidad institucional.

La necesidad de integrar ambos enfoques no es un capricho teórico, sino una demanda de gestión respaldada por la evidencia. Estudios del PNUD y de ONU Mujeres demuestran que los gabinetes con alta participación femenina sostienen con mayor consistencia las políticas de protección social y cohesión comunitaria; precisamente las áreas donde el Perú arrastra sus mayores deficiencias, a pesar de contar con herramientas de planificación como la ENIA 2026-2030. Un gabinete paritario y técnico no es un gesto de campaña, sino el único activo de legitimidad real con el que este gobierno puede blindarse frente a la crisis de confianza institucional.

La historia no juzgará a la nueva presidenta por el protocolo de su juramentación, sino por su valentía para romper el patrón histórico de la mediocridad y la sumisión política. Su verdadera herencia se medirá en si, al entregar el cargo, deja un camino más limpio, corto y digno para la siguiente mujer que decida liderar el destino del Perú. Este es el momento de enterrar para siempre el recuerdo de la pasividad y demostrar que el liderazgo femenino puede gobernar con carácter, solvencia y un verdadero sentido de trascendencia.